El viaje del alma

El alma no tiene raza, no tiene religión, solo conoce el Amor y la Compasión.
Todos somos seres divinos, hace miles de años que lo sabemos, pero nos hemos olvidado y,
para volver a casa tenemos que recordar el camino. BRIAN WEISS




domingo, 23 de abril de 2017

Pecado (1 de 2)

El pecado que se define como la transgresión voluntaria y con conocimiento de un precepto religioso. No existe.

En Teología moral se lo considera un acto malo, o la omisión culpable de un acto bueno obligatorio. Por extensión, se denomina pecado a todo aquello que se aparta de lo recto y justo, o que falta a lo que es debido.

Existen pensamientos erróneos, existen palabras con intención de ofender, existen malas acciones, y si los representantes de las distintas creencias religiosas, les quieren llamar pecados, está bien, pero no pueden atribuirle a Dios, de manera más o menos interesada, la condena a perpetuidad, a no ser que se confiese el pecador, única manera de quedar redimido de los pecados.


El Papa Francisco, máxima autoridad de la iglesia católica, ha dicho recientemente que Dios no condena a perpetuidad. Pero, permítanme que añada algo más, Dios no condena nunca.

La tradición judeocristiana, cuya fuente fundamental es la Biblia, ha entendido el pecado, en términos generales, como el alejamiento del hombre de la voluntad de Dios.

Pero la realidad es que el hombre no necesita pecar para alejarse de la voluntad de Dios. El hombre ya vive alejado de Dios, y no es por ser pecador, es sencillamente porque no sabe quién es realmente, ni sabe quién es Dios.

Cree el hombre que es un ser independiente de Dios, cuando lo que es, realmente, es una parte de Dios.

Cree el hombre que cada uno de los seres que le acompañan en la vida también son independientes y ajenos a él, con lo cual tiene que proteger lo que él considera suyo, y a los que considera los suyos, cuando la realidad es que todos son lo mismo, hermanos, hijos del mismo Padre.

Cree el hombre que lo que considera pecado le aparta de Dios, cuando lo único que le aparta de Dios es su propia mente.

Cree el hombre que tiene que buscar a Dios en los templos, en las catedrales, en las mezquitas, en las iglesias, en las sinagogas, en los conventos, en los salones de culto, en las basílicas, en los santuarios, o en las capillas, cuando lo tiene bien cerca: Habita en su propio corazón.

Cree el hombre que Dios premia a los buenos y castiga a los malos, cuando la realidad es que Dios ni premia, ni castiga, porque no hay ni buenos, ni malos. Dios Ama a todos por igual y su Amor es total e incondicional.

Todo lo que hay son hombres que están realizando un camino de evolución y crecimiento para acercarse a Dios, Y se tienen que acercar a Dios porque les ha separado de Él la ignorancia, la mala fe y las creencias erróneas.

Todo lo que hay son hombres aprendiendo a Amar, aprendiendo a compartir, aprendiendo a respetar.

Todo lo que hay son hombres tratando de conectar con su alma, su parte divina, para, a través de la belleza de su alma, poder contemplar la belleza de los demás, ya sean negros, blancos, amarillos o mestizos, ya vistan con seda o con harapos, ya hablen como Cervantes o Shakespeare, o sean mudos como una roca, ya tengan cuentas millonarias o se peleen por un centavo, ya sean ateos o creyentes, ya sean musulmanes o cristianos, ya sean comunistas o capitalistas, ya sean de derechas o de izquierdas, ya sean honrados o ladrones.

Y estos hombres, que tienen que aprender a vivir desde el alma, que no saben lo que es, ni donde se encuentra; que tienen que aprender a Amar cuando desconocen lo que es el Amor; que tienen que aprender a respetar cuando desconocen lo que es el respeto; que tienen que ayudar a compartir cuando se les ha enseñado que lo suyo es suyo y tienen que defenderlo; que tienen que aprender a perdonar cuando solo les hablan de venganza; tienen un hándicap importante: LO HAN DE APRENDER SOLOS, y encima con una guillotina sobre sus cuellos, que amenaza con cortarles la cabeza si no hacen lo que nadie les ha enseñado.

Alguien puede pensar que si no existe el pecado y que Dios Ama a todos hagan lo que hagan, para que reprimirse y no robar o no engañar, para conseguir vivir en la opulencia y sin doblar el espinazo.


Aunque es cierto que no existe el pecado, y que Dios Ama a todos Sus hijos hagan lo que hagan, existe una ley que se denomina la Ley de la Causa y el Efecto, o Ley del Karma, cuyo enunciado dice que es una energía trascendente (invisible e inmensurable) que se genera a partir de los actos de las personas. Según esta ley, cada causa genera un efecto, a cada acción le corresponde una reacción.


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